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EDUARDO OCÓN Y EL MISERERE ___________________________________________________________________
EL
AUTOR (Benamocarra, 12 enero 1833 - Málaga, 28 febrero, 1901)
Pianista-organista, compositor y profesor. Pionero del nacionalismo
español, ya anuncia el desarrollo posterior de un Albéniz o un Granados.
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La vinculación de Eduardo Ocón con la música se iniciará muy temprano, al
ingresar como seise en la Catedral malagueña, con seis años de edad.
Estudia teoría (desde solfeo a composición) con el maestro de capilla,
Reig; y piano con el organista, Murguía. De talento precoz (a
los 13 años compuso ya un Miserere a 4 voces que se representó en la
Catedral), a los 18 años opositó y obtuvo la plaza de segundo organista de
la catedral. Fue también profesor de piano. En 1858 ya logra estrenar en
el Teatro Real de Madrid (en este caso, una Cantata compuesta en honor del
Príncipe Alfonso).
En 1867, a los 34 años, marcha al Conservatorio de París (entonces el más
importante de Europa) donde estudia órgano con Benoit, y mejora su
contrapunto con Ambroise Thomas. Durante su estancia en París
consigue, por oposición, una plaza de profesor de canto en las Escuelas
Comunales, dedicándose intensamente a la composición. Entra en relaciones
con músicos como Auber o Gounod, gracias a cuya amistad
puede estrenar algunas de sus composiciones. Sus posteriores viajes a
Alemania o Bélgica le llevaran también a conocer a Fétis, director
por aquel entonces del Conservatorio de Bruselas.
Regresa a Málaga en 1870, de nuevo como organista, a lo que añade la
dirección de la Sociedad Filarmónica, en la que funda una Escuela de
Música en 1871 , donde aplica todos los métodos modernos y conocimientos
adquiridos en París. Contrae matrimonio con la pianista alemana Ida
Borchardt, que, en adelante, será su musa inspiradora, sobretodo para
sus obras de piano.
Desde 1879, y en su cargo de Maestro de Órganos de la Catedral de Málaga,
vela celosamente por la restauración y reparación de los mismos,
originales de Julián de la Orden, del siglo XVIII; y por la conversión de
la Escuela (que ya llevaba cerca de 10 años funcionando a plena
satisfacción) en Conservatorio oficial. Ese mismo año es nombrado miembro
numerario de la Academia de Bellas Artes de San Fernando y, poco después,
en 1880,designado director del recién inaugurado Conservatorio María
Cristina, el más antiguo de Andalucía (hoy Conservatorio Superior de
Música). De la pujanza de dicho centro en sus inicios da fe la
constatación de alumnos como Rafael Mitjana (1869-1921), posterior
descubridor del Cancionero de Upsala; profesores como Albéniz; o
directores honorarios como Sarasate.
Tras una vida dedicada a la enseñanza y práctica musical, y siendo
reconocidos sus méritos con la Cruz y la Encomienda de Isabel la Católica
, a los sesenta años se jubila como maestro de órganos, pero solicita, y
obtiene, permiso para seguir ocupando las habitaciones de la torre de la
Catedral, donde fallece el 28 de febrero de 1901 a causa de una pulmonía .
Musicalmente
hablando, la mayor parte de su obra son composiciones religiosas: "Misas",
"Motetes", "Himnos", "Salves", "Plegarias","Ave Marías" y su célebre
"Miserere" para cuatro voces, solos, coro y gran orquesta, obra cumbre en
su enorme producción religiosa.
Sin embargo, las obras que le
reportaron más fama fueron las profanas (entre las que destacan el Bolero
de Concierto y la Rapsodie andalouse, de clara tendencia folklórica, y que
tuvieron tal aceptación que fueron posteriormente orquestadas), y, en
especial, sus Cantos Españoles, que fueron publicados en Leizpig ( por la
prestigiosa Breitkopf und Härtel), y consultados por compositores como
Bretón, Vives, Falla o Pedrell .
Estilísticamente se podría reseñar
una gran fluidez y espontaneidad en las melodías, arropadas y enmarcadas
por armonías y formas de gran profundidad técnica, si bien de tendencia
algo conservadora.
Desde finales del S.XX su figura está
muy unida a la de Gonzalo Martín Tenllado, su principal
investigador y cuya obra: “Eduardo Ocón y el Nacionalismo Musical”
Ed.Seyer.1991, ha sido, y sigue siendo, el referente ineludible para
cualquier estudio o acercamiento sobre el mismo, incluida, naturalmente,
esta reseña.
EL GÉNERO
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El salmo penitencial por excelencia en la liturgia cristiana es el
Miserere (Salmo 50), en cuyas estrofas hay un sincero arrepentimiento y un
deseo de rehabilitación ante Dios. Se cantaba los viernes en el oficio de
laudes antes de la última reforma litúrgica llevada a cabo por Pío XII y
en el Triduo Sacro de Semana Santa todos los días al final del Oficio de
Tinieblas, solemnizándose miércoles, jueves y viernes.
Musicalmente fue a principios del siglo XVI cuando Constanzo Festa
(1480-1545) fijó el modelo distribuyendo los versículos del salmo entre
dos coros, uno a cuatro y el otro a cinco voces, que se respondían
alternativamente en fabordón. Ya en el siglo XVII, Giacomo Carissimi
(1605-1674) aplicó los versículos a una sola voz con bajo continuo para
los del Miserere, que Gregorio Allegri (1582-1652) había confiado
al canto litúrgico. Yuxtaposición de solos y coros, en el siglo XVIII,
contribuyen a encuadrar el Miserere como música religiosa de concierto de
carácter coral-sinfónico. Los versos sinfónico-corales alternaban con una
melodía gregoriana entonada por la capilla vocal a solo, y cada catedral
poseía un tono propio para estos versículos. Al objeto de darle más
espectacularidad, coro y orquesta pasaban al altar mayor y en muchos casos
la ejecución tenía rango de auténtico concierto.
El Motu Propio de Pío X trajo la prohibición de muchas composiciones, de
uso habitual en los templos, que acentuaban el carácter profano sobre el
religioso, y esas obras, conservadas en los archivos de las catedrales,
van siendo recuperadas y utilizadas con carácter puramente musical por sus
valores en las salas de conciertos, más que en los actos litúrgicos.
LA OBRA
Una de las mejores composiciones del malagueño Eduardo Ocón Rivas
es su Miserere, obra de juventud, escrita para la catedral malagueña, en
la que utiliza tres solistas -soprano, tenor y bajo-, coro a cuatro voces
mixtas y una plantilla orquestal muy propia de mediados del siglo XIX
(cuerdas, 1 flauta, 1 oboe, 2 clarinetes, 2 fagotes, 2 cornetines y 3
trombones). Su interpretación ha sido vinculada mucho tiempo a la catedral
de Málaga, de la que Eduardo Ocón fue seise, ministro de coro, organista
director eventual, compositor, juez de oposiciones, campanero mayor y
alcayde de su torre.
La música del Miserere de Ocón está imbuida de religiosidad sin caer en
tintes sombríos, melodismo y naturalidad, carácter lejos de concesiones,
con una armonización escolástica en las intervenciones corales y
sugerentes cromatismos. La orquestación es fácil y apoya en todo momento
las sucesiones melódicas.
INTRODUCCIÓN
El Miserere se abre con un solemne número orquestal, que básicamente es el
número 10 (Benigne fac Domine) y que en la tonalidad de fa menor, con
efectistas crescendos y trémolos, concluirá en la dominante para enlazar
con la entrada del siguiente. Luego, todos los números concluirán en la
nota fa o el acorde de fa mayor, lo que daba pie al versículo gregoriano
que cantaba la capilla vocal entre los diversos números sinfónico corales
en el tono propio de la catedral de Málaga.
MISERERE MEI DEUS
El salmista apela a la benignidad de Dios. El coro a cuatro voces mixtas
entona el texto con un sentido armónico de gran verticalidad y da entrada
al tenor solista que alterna con breves pasajes orquestales de la madera,
para retomar el coro finalmente la inicial invocación.
AMPLIUS LAVAME
Esta solicitud de ser "lavado" de su iniquidad es un dúo de soprano y bajo
que preludia una breve sucesión de séptimas dominantes resueltas
excepcionalmente. La soprano inicia el diálogo, se produce un sugerente
cambio de tono, y de vuelta al principal, cuatro compases orquestales en
progresión descendente, prepararán la entrada conjunta de soprano y bajo
en intervalo de sexta toda la primera frase.
TIBI SOLI
El reconocimiento de culpabilidad, "contra ti solo he pecado", lo hace el
tenor en un aria centrada en su tesitura, a veces melancólica, que
establece en su parte central una respuesta al tema que inician los
violines. Hay algún regusto operístico y concluye con unas sucesiones
ascendentes de corcheas en los violines primeros.
ECCE ENIM
Cuatro compases orquestales y otros dos de un marcado carácter rítmico,
casi constante en este número, preparan la entrada del coro de bajos, a
los que contestarán los tenores, uniéndose más tarde las voces femeninas
en una bella conjunción, con un efectista final de todo el coro con un
acompañamiento de orquesta, imitado del inicio de esta petición de
"instrucción en la verdad" que hace aquí el salmista.
AUDITUI MEO
"Hazme escuchar el gozo y la alegría" dirán sucesivamente tenor y bajo -el
número es un dúo para unirse tras recordar la introducción orquestal del
fragmento, en un diálogo constante y modulatorio, ágil en las figuraciones
cantadas y de gran expresividad.
COR MUNDUM CREA
La petición a Dios de un "corazón puro" y un "espíritu recto" para no
volver a pecar, es un coro a cuatro voces mixtas que en esta versión
acompaña el órgano doblando cuanto hacen dichas voces. Una copia de la
partitura, que se conserva en la catedral de Málaga, escribe las
indicaciones de oboe, clarinete, fagot y violoncello en otras tantas
pautas, lo que hace suponer que podían doblar las voces para sostenerlas,
en lugar del órgano, que figura escrito al completo. El bajo es una
auténtica base armónica y la expresividad viene conferida por diversos
cromatismos. La disposición coral es marcadamente vertical de nota contra
nota.
REDDE MIHI LAETITIAM
Tras la introducción orquestal canta la soprano la petición de que "vuelva
la alegría de la salvación", que retoma en el mismo tono pero con distinto
tratamiento orquestal el bajo, y tras la conjunción de ambos solistas se
produce una vibrante, luminosa, inspirada, entrada del coro (Et spiritu
principali confirmame) para finalizar el fragmento recordando los ocho
compases de la introducción orquestal con dos postreros “confirmame” del
coro con la orquesta.
LIBERA ME
Otro número sólo para coro, si bien con acompañamiento de orquesta es esta
súplica, "Líbrame de la sangre", reposada al principio, más animada en su
parte central, con protagonismo de los tenores y que desemboca en un "piu
animato" más efectista y brillante.
QUONIAM
"Si te ofreciera un holocausto no lo aceptarías" dice el bajo solista en
el transcurso de esta bella aria, que tiene en su introducción orquestal
un característico solo de trompa. La línea melódica, extensa,
tiene prestancia y el acompañamiento, trabajado, tiene carácter cromático
en la sucesión de algunos pasajes. El final cantado permite al solista
mostrar la brillantez de un do agudo.
BENIGNE FAC
De este número coral -en las cuatro voces mixtas están los tenores
divididos- sacó Ocón la Introducción de su Miserere (los treinta y un
compases primeros, que completa con una coda de seis compases). Aquí,
cantará el coro la súplica hacia Sión y la reconstrucción de los muros de
Jerusalem, con una absoluta igualdad en la disposición de las voces
siempre con una armonía muy clásica y absolutamente vertical.
TUNC IMPONENT
Al objeto de que el Miserere no concluyera con la melodía gregoriana, el
segundo hemistiquio del último verso del salmo se hace sinfónico-coral. Es
este "Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar". De nuevo el coro a
cuatro voces mixtas acompañado por la orquesta, y Eduardo Ocón que utiliza
como tema la melodía gregoriana propia de la catedral de Málaga, en la voz
de los bajos. Número breve y severo para definitivo final.
----------- Comentarios sobre Miserere: Manuel del Campo 1987
(critico musical de R.N.E.)
EL REGISTRO
La grabación utilizada en la audición
fue realizada por la Orquesta Sinfónica de Málaga y la Coral “Santa María
de la Victoria”, en el Teatro Cervantes, en 1988, producida y editada por
RNE en su colección “Las 4 músicas” (M-27713-1988). Tuvo como solistas a
Cecilia Gallego, Tomás Cabrera y Jesús Sanz Remiro; como directores a
Manuel Gámez (coro) y Octav Calleya (orquesta) y como colaboración al
órgano al propio Manuel del Campo.
Dado que en dicha realización participaron Martín Tenllado (entonces
presidente de la orquesta, y músico en activo de la misma) , Antonio
Martín Moreno (recién acabada una relación profesional con Málaga en la
que había participado en la readaptación del Andante, también grabado en
esta sesión) y Manuel del Campo, como músico; es decir, una conjunción
momentánea de los mejores especialistas en activo sobre dicho autor, la
creemos muy recomendable.

Como curiosidad, añadiré que parte de las partituras
(proporcionadas por Salvador de Alva) que se tocaron eran copias
originales de la época de cuando el compositor aún estaba en activo
(depositadas y custodiadas desde muy antiguo en su casa por la relación
profesional entre sus antecesores, muy intensa).